Terapia online: requisitos técnicos y legales en España

Equipo MiTerapiaTime ·

Ofrecer terapia online en España es perfectamente legal y, a estas alturas, algo consolidado. Pero "legal" no significa "sin requisitos". La sesión sigue siendo una prestación sanitaria, con los mismos deberes que la presencial, más algunos añadidos por el hecho de que los datos y la conversación viajan por internet. La buena noticia: no es una lista interminable ni necesitas montar una infraestructura de hospital. Necesitas tenerlo ordenado. Esta guía repasa lo que te pide la ley y lo que te pide la técnica para trabajar online con tranquilidad, sin prometerte atajos que no existen. No es asesoramiento jurídico ni clínico: es el mapa para que sepas qué comprobar y con quién confirmarlo.

Lo primero: quién puede ofrecer terapia online

El canal cambia; los requisitos para ejercer, no. Para atender pacientes online en España necesitas exactamente lo mismo que para atenderlos en tu despacho:

  • Habilitación sanitaria. Para hacer clínica necesitas ser Psicólogo General Sanitario o Especialista en Psicología Clínica (vía PIR). El máster de PGS es la vía habitual desde 2013. Un grado en Psicología, por sí solo, no habilita para tratar.
  • Colegiación. Estar colegiado en el Colegio Oficial de Psicología de tu comunidad es obligatorio para ejercer. La cuota varía por colegio, pero cuenta con una cuota de alta más una anual que suele moverse en la horquilla de 90-150 €/año.
  • Seguro de responsabilidad civil profesional. Muchos colegios lo incluyen o lo ofrecen a precio de grupo. No es opcional cuando tratas a personas.
  • Alta como autónomo. Alta en Hacienda (modelo 036/037, con tu epígrafe de actividad) y en el RETA. Si empiezas, te aplica la tarifa plana de 80 €/mes durante el primer año.

Que la consulta sea a distancia no te exime de ninguno de estos cuatro puntos. Un psicólogo que atiende desde Valencia a un paciente en Bilbao sigue ejerciendo bajo las mismas reglas.

Protección de datos: el requisito que más se descuida

Aquí es donde tropiezan la mayoría de consultas que empiezan online, porque es invisible hasta que hay un problema. Lo que un paciente cuenta en terapia es un dato de salud: categoría especial del artículo 9 del RGPD, la máxima protección que contempla la norma. Trabajar online multiplica los puntos por donde ese dato circula, así que multiplica también tus obligaciones.

Lo mínimo que debes tener resuelto:

  • Base jurídica y registro de actividades. Debes saber (y poder documentar) con qué base tratas los datos y para qué. El registro de actividades de tratamiento es exigible incluso a consultas de una sola persona cuando se tratan datos de salud.
  • Deber de secreto. Es tuyo y de cualquiera que acceda a la información. Va más allá del RGPD: lo recoge también tu código deontológico.
  • Contrato de encargo con tus herramientas. Cada empresa que trata datos por ti —la plataforma de videollamada, la de agenda, la de facturación— es "encargada del tratamiento" y necesitáis un contrato que lo regule (el artículo 28 del RGPD). Con la cuenta gratuita de una app de consumo, ese contrato no existe.
  • Medidas de seguridad. Cifrado, control de acceso a la información, contraseñas fuertes, copias de seguridad. Nada exótico, pero sí presente.

El error clásico es apoyar toda la consulta en herramientas domésticas —WhatsApp para citar, una app de vídeo genérica, una carpeta suelta para las notas— sin ningún contrato ni control detrás. Funciona hasta que deja de funcionar, y entonces el responsable eres tú.

El consentimiento informado para terapia online

El consentimiento informado no es un trámite: es un documento que protege al paciente y también a ti. La Ley 41/2002 lo regula para la asistencia sanitaria, y en la modalidad online conviene que sea por escrito y específico. No estamos hablando de contenido clínico, sino del acuerdo de servicio que firmas antes de empezar.

Un consentimiento para terapia online suele recoger:

  • Tu identidad y número de colegiado, para que el paciente sepa quién le atiende.
  • La naturaleza del formato online, sus posibilidades y sus límites.
  • Qué se hace en una situación de urgencia o crisis y cómo se gestiona a distancia.
  • El tratamiento de datos: qué se guarda, dónde y durante cuánto tiempo.
  • La política de grabación: por defecto, no se graba; y nunca sin consentimiento expreso.
  • Honorarios y política de cancelación, para que las condiciones económicas estén claras desde el minuto uno.

Tenerlo firmado antes de la primera sesión evita el 90% de los malentendidos posteriores, sobre todo los que tienen que ver con dinero y cancelaciones.

Requisitos técnicos: qué debe cumplir tu setup

La parte técnica se resume en una idea: la herramienta con la que trabajas tiene que estar a la altura del dato que maneja. En concreto:

  • Videollamada cifrada y con sala por cita. El audio y el vídeo deben viajar cifrados, y a la sesión solo debe entrar el paciente citado, no cualquiera con un enlace reenviable. Una URL fija compartida por WhatsApp es justo lo que hay que evitar.
  • Encargado del tratamiento identificado. Debes saber qué empresa procesa esa videollamada y tener su contrato de encargo. Si no lo sabes, no puedes garantizarle nada a tu paciente.
  • Almacenamiento seguro de la historia clínica. Estás obligado a conservar la historia clínica un mínimo de cinco años desde el alta de cada proceso asistencial (Ley 41/2002). Eso implica un sitio con control de acceso y copias de seguridad, no un cuaderno ni una carpeta abierta en el escritorio.
  • Un entorno adecuado en cada extremo. Conexión estable, espacio privado y sin interrupciones. Es parte de la calidad del servicio, no un detalle menor.

No necesitas ser informático. Necesitas elegir herramientas pensadas para datos de salud en lugar de estirar las que usas para hablar con la familia.

Facturación e impuestos: lo que no puedes saltarte

Cobrar online tiene sus propias reglas, y conviene tenerlas claras antes de la primera sesión:

  • Factura por cada servicio. Aunque el paciente sea un particular, debes poder emitir factura y conservarla.
  • IVA: normalmente exento. La asistencia sanitaria prestada por psicólogos con finalidad de diagnóstico, prevención o tratamiento está exenta de IVA (artículo 20 de la Ley del IVA). Ojo: la formación, el coaching o la consultoría de empresa no entran en esa exención. Si mezclas servicios, confírmalo con tu gestor.
  • IRPF. Tus ingresos tributan en la renta como actividad económica; según a quién factures, puede haber retención.
  • Facturación electrónica en el horizonte. La normativa de facturación está cambiando (sistemas antifraude y factura electrónica obligatoria entre empresas). Todavía hay plazos por concretar para los autónomos, así que mantén tu sistema de facturas ordenado y revisa las fechas con tu asesor. Le dedicaremos un artículo aparte.

Ninguno de estos puntos es exclusivo de lo online, pero cobrar por internet los pone a todos sobre la mesa el primer día, en lugar de dejarlos para "cuando tenga tiempo".

Ejemplo: montar una consulta online desde cero (con números)

Imagina a Marta, psicóloga general sanitaria en Zaragoza, que quiere pasar a atender también online. Su lista de la compra:

  • Colegiación y seguro de RC: ya los tiene por su actividad presencial. 0 € extra.
  • Alta de autónomo: si empieza ahora, 80 €/mes con tarifa plana el primer año.
  • Herramienta con videollamada cifrada, agenda, historia clínica con control de acceso y facturación, con su contrato de encargo firmado: aquí es donde se decide casi todo.
  • Consentimiento informado para online: un documento que redacta una vez y reutiliza.

Si Marta cobra 55 € por sesión y hace 30 sesiones online al mes, factura 1.650 €. Lo que le interesa no es solo cuánto ingresa, sino cuánto se le va en herramientas fijas: si paga tres suscripciones separadas (directorio, agenda, vídeo) puede irse a 60-90 €/mes aunque un mes flojee. Ese coste fijo es el que conviene vigilar cuando empiezas y la demanda todavía es irregular.

Dónde encaja MiTerapiaTime

Buena parte de esta lista técnica es justo lo que resolvemos: videollamada integrada con cifrado y sala por cita, ficheros privados con control de acceso para la documentación de cada paciente, facturas y justificantes de asistencia, y el cobro directo a tu cuenta de Stripe (el dinero no pasa por nosotros). No cobramos cuota fija: solo una comisión del 3% por sesión cobrada, así que el coste sube y baja contigo, no al revés.

Lo que no hacemos es firmar por ti tus obligaciones: la colegiación, el consentimiento informado, tu situación fiscal y el cumplimiento último siguen siendo tuyos. Te damos herramientas que cumplen su parte y te ahorran montarlas por separado; el marco legal lo confirmas con tu colegio y tu gestor. Preferimos decírtelo claro antes que prometerte un "todo cumplido" que ninguna plataforma seria puede garantizar.

Preguntas frecuentes

¿Es legal hacer terapia online en España? Sí. Siempre que quien la preste esté habilitado (Psicólogo General Sanitario o especialista en Psicología Clínica), colegiado y dado de alta, y se respeten la protección de datos y el consentimiento informado. El formato online no lo prohíbe ninguna norma; solo añade cuidados técnicos.

¿Puedo usar WhatsApp o una app de vídeo gratuita para las sesiones? No es recomendable. Tratas datos de salud, así que necesitas un canal cifrado, con acceso controlado y un contrato de encargo del tratamiento con el proveedor (artículo 28 del RGPD). Las apps de consumo no están pensadas para eso ni te ofrecen ese contrato.

¿Cuánto tiempo tengo que guardar la historia clínica? Como mínimo cinco años desde el alta de cada proceso asistencial, según la Ley 41/2002. Algunas comunidades fijan plazos mayores, así que guárdala en un sistema seguro y con copias de seguridad, no en carpetas sueltas.

¿La terapia online lleva IVA? Por regla general, la asistencia sanitaria de psicología está exenta de IVA cuando su finalidad es diagnóstica, preventiva o de tratamiento. Servicios como coaching o formación no entran en la exención. Al ser un punto con matices, confírmalo siempre con tu gestor.

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